Se les invita a asistir al museo de Memoria y Tolerancia y reflexionar respecto a su contenido.
Visita http://www.memoriaytolerancia.org/galeria.html
Dirección:
Plaza Juárez – Centro Histórico, Ciudad de México
Frente al Hemiciclo a Juárez de la Alameda,
a un costado de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
Estamos cerca de los metros: Juárez, Hidalgo y Bellas Artes.
Hora:
Martes a viernes de 9:00 a 18:00 horas
Sábados y Domingos de 10:00 a 19:00 horas
Costo
Estudiantes y maestros con credencial vigente y personas mayores de 60 años: $45.00 más $15.00 por persona si desea recorrido guiado.
El trabajo consiste en:
1) Elaborar un friso cronológico simultaneo sobre los acontecimientos presentados en el museo y relacionalos con lo que ha vivido en México (modalidad equipo).
2) Elaborar una reflexión crítica sobre los siguientes conceptos y lo visto en el museo: genocidio, tolerancia, derechos humanos, diferencias. Dentro de esta reflexión escribe, qué aprendiste, qué llamó tu atención y porqué. (modalidad individual).
Las reflexiones se añaden con el friso.
No olvides añadir, el boleto y la foto en el museo.
Se entrega a finales del mes de marzo. Consulta el calendario de actividades.
miércoles, 23 de febrero de 2011
miércoles, 26 de enero de 2011
RETO GENERACIÓN 2011
Hola, bienvenidos al reto 2011, esta es una oportunidad para reafirmar tus conocimientos de clase, así como para lograr la meta que te has propuesto.
La primera actividad es la visita al Museo Casa de León Trotsky.
Horario Martes a Domiengo de 11:oo a 17:oo hrs.
Costo $20.00 con credencial.
Se ubica en:
Río Churubusco 410 entre Gómez Farías esq. Morelos
Col. Del Carmen Coyoacán
CP 04100, Coyoacán, Distrito Federal
Tels. (55) 5658 8732, 5554 0687
Fax 5554 0687.
Puedes consultar las siguientes páginas para mayor información:
http://www.museotrotskymexico.org/
http://museocasadeleontrotsky.blogspot.com/
http://sic.conaculta.gob.mx/ficha.php?table=museo&table_id=966&estado_id=9
Se recomienda leer los datos biográficos de Trotsky y elaborar una reflexión crítica tomando en cuenta el siguiente guión:
* Su participación en la Revolución Rusa.
*La expulsión de Rusia.
* Llegada a México y sus relaciones en este país.
* Lo observado en el museo que permita afirmar lo anterior.
*¿Qué llamó más tu atención, qué aprendiste, cuál es tu opinión sobre el museo y el personaje?
No olvides poner tu boleto y tu fotografía.
Máximo dos cuartillas.
La entrega será de acuerdo al calecdario de actividades. (El día que se vea Revolución Rusa).
La primera actividad es la visita al Museo Casa de León Trotsky.
Horario Martes a Domiengo de 11:oo a 17:oo hrs.
Costo $20.00 con credencial.
Se ubica en:
Río Churubusco 410 entre Gómez Farías esq. Morelos
Col. Del Carmen Coyoacán
CP 04100, Coyoacán, Distrito Federal
Tels. (55) 5658 8732, 5554 0687
Fax 5554 0687.
Puedes consultar las siguientes páginas para mayor información:
http://www.museotrotskymexico.org/
http://museocasadeleontrotsky.blogspot.com/
http://sic.conaculta.gob.mx/ficha.php?table=museo&table_id=966&estado_id=9
Se recomienda leer los datos biográficos de Trotsky y elaborar una reflexión crítica tomando en cuenta el siguiente guión:
* Su participación en la Revolución Rusa.
*La expulsión de Rusia.
* Llegada a México y sus relaciones en este país.
* Lo observado en el museo que permita afirmar lo anterior.
*¿Qué llamó más tu atención, qué aprendiste, cuál es tu opinión sobre el museo y el personaje?
No olvides poner tu boleto y tu fotografía.
Máximo dos cuartillas.
La entrega será de acuerdo al calecdario de actividades. (El día que se vea Revolución Rusa).
lunes, 11 de octubre de 2010
Vida y condiciones de vida de la clase trabajadora

La actividad económica e industrial exigía un creciente flujo de trabajadores a las ciudades. Sus condiciones de vida y de trabajo
eran muy diferentes a las de la burguesía y se reflejaban en el espacio urbano y en una específica cultura obrera o popular.
El capitalismo industrial y su sistema de fábricas crearon una nueva clase de trabajadores, unidos por la común condición de disponer de una sola fuente de ingresos: el salario que recibían a cambio de su trabajo. El factor más determinante de la clase obrera y trabajadora era, al contrario que en el mundo de la burguesía, la inseguridad. No sabían cuánto dinero iban a llevar a casa cada semana, ni cuánto iba a durar el trabajo o cuándo podrían conseguir otro si lo perdían. Una enfermedad, un accidente, una vejez prematura conducían inexorablemente a la mendicidad.
Los obreros de las fábricas y de las minas tenían en común con el amplio número de trabajadores urbanos (servicio doméstico, construcciÓn, talleres, etc.) su dependencia del salario. Compartían condiciones y formas de vida similares, se hallaban a un paso de la pobreza y los separaba del mundo burgués un abismo amplio e insalvable.
La clase obrera parecía amenazar el orden establecido. Alcanzó su pleno desarrollo en Inglaterra durante la primera mitad del siglo XIX, y entre 1850 y 1880 era ya casi la cuarta parte de la población en los países europeos desarrollados.
En las zonas industriales interesaba que las viviendas estuvieran cerca de las fábricas. Así surgieron los más característicos e improvisados barrios obreros, con edificios de dos o tres plantas al principio, que aumentaron progresivamente en altura y volumen, a la vez que se extendían por los suburbios de las principales ciudades En la primera mitad de siglo, Gran Bretaña era conocida por tener los suburbios más extensos y miserables de Europa.
Los barrios obreros crecían de manera desordenada, sin que el poder municipal atendiese a los servicios mínimos: calles, alumbrado, conducción de aguas, vertidos, basura, etc. Las calles, patios y corredores estaban muy degradados por el amontonamiento de desperdicios y basuras. Al no haber desagÜes, se producía el estancamiento de aguas sucias, y la escasa ventilación producía malos olores, con el constante peligro de infecciones. El interior de la vivienda se reducía a una o dos habitaciones, siendo frecuentes las cocinas y letrinas comunitarias.
La insalubridad de la vivienda obrera fue fuente de inspiración para novelistas como Charles Dickens, Victor Hugo o Emile lola, así como motivo de preocupación para los gobiernos más progresistas. En la epidemia de cólera de 1832 se comprobó que muchas de estas enfermeda
des se debían a las pésimas condiciones de vida. Las mejoras se fueron introduciendo paulatinamente y se hicieron más visibles a partir de 1870: se debían a la preocupación de los reformadores sociales y, sobre todo, a la presión de los propios trabajadores, organizados en sindicatos y en partidos políticos obreros.
La alimentación y el nivel de vida
Las primeras etapas de la industrialización trajeron consigo una pésima calidad de vida para los nuevos trabajadores. A fines de siglo, su situación era más favorable, en parte debido al descenso de los precios agrícolas y en parte, a las conquistas sociales.
A nadie se le escapaba que la negación de los derechos políticos a los trabajadores, o la prohibición de que se asociaran, hacía que se mantuviera un abismo entre la clase de los propietarios y el proletariado. Quienes se beneficiaban de esta situación argumentaban que formaba parte del orden natural de las cosas.
La dieta alimenticia de todas las clases sociales mejoró notablemente entre 1800 y 1900. A mediados de siglo, el alimento principal era la harina (2,5 kg semanales), ya fuese en forma de pan o de gachas, y la patata, extraordinariamente difundida a partir de 1850. Todo ello representaba el 70% de las calorías ingeridas. El consumo de carne, frutas, verduras o pescado era escaso. Para las familias obreras resultaban productos demasiado caros. La alimentación del hombre era mejor que la de la mujer, ya que ésta solía economizar comiendo menos.
El gasto en vestidos era muy reducido. Solamente se compraba un vestido para varios años. La indumentaria del trabajador se diferenciaba de la de, los burgueses: la blusa y la gorra eran los elementos distintivos para el 1 hombre, y un vestido largo, para la mujer. El centro de ocio para los hombres era la taberna, único lugar que permitía relacionarse fuera del trabajo. Los trabajadores se lavaban más que los burgueses, sobre todo, por necesidad, ya que en muchos oficios se ensuciaban diariamente sus cuerpos y sus ropas. En Gran Bretaña, la producción de jabón se multiplicó por diez entre 1830 y 1875.
Tampoco podían ocultar el cuerpo cuando compartían pozos de agua y lavaderos comunes. Ello explica que, para la mentalidad burguesa, las I formas de vida de los trabajadores estuvieran caracterizadas por una pro1 miscuidad poco ejemplar. También las relaciones afectivas y sexuales, eran más libres y desinhibidas entre los trabajadores, al estar menos mediatizadas por los intereses de la familia burguesa. De hecho, en 1 el París de 1850, uno de cada tres hijos nacía fuera del matrimonio.
El trabajo y el salario
El nÚmero de horas de trabajo era variable según el tipo de actividad; se trabajaba más en las industrias que precisaban de una mano de obra " nllcva. En las fábricas algodoneras del Lancashire (Inglaterra) o en Mul" hollse (Alsacia), la duración de la jornada laboral era de unas 15 horas, 1 con 13 horas de trabajo efectivo.
La duración de la jornada laboral fue disminuyendo a lo largo del siglo. Hacia 1870, los obreros pasaban más de 12 horas en la fábrica, con una interrupción de una hora y media para las comidas; en el sector textil. La jornada era de diez horas y media, con la tarde del sábado libre lIacia 1880, la jornada se fue rebajando hasta las diez horas, a veces incluso nueve A fines de siglo, la principal reivindicación de las organizaciones de trabajadores era la jornada de ocho horas de trabajo.
Mujeres y niños constituían buena parte de la mano de obra en las primeras etapas de la industrialización En 1839, la mitad aproximada de , los trabajadores fabriles eran mujeres. y los datos del censo de 1851, muestran que en Inglaterra todavía trabajaba regularmente un 28% de la población comprendida entre 10 Y 15 años.
Los salarios eran muy bajos y estaban muy ajustados para satisfacer las necesidades mínimas de los trabajadores: vivienda Y comida. El trabajo infantil estaba mucho peor pagado, lo mismo que el de las mujeres, que percibían aproximadamente la mitad del salario de los hombres.
A partir de 1850, los salarios tendieron a aumentar, especialmente para 1 los obreros especializados; pero el nivel de vida de los trabajadores se" guía siendo muy bajo. La alimentación absorbía más de la mitad del suel" do, quedando muy poco para el alquiler, la ropa u otras necesidades. Las tasas de mortalidad seguían siendo más altas en los barrios obreros, y la pobreza dominaba aún la vida de la mayoría de las familias proletarias.
eran muy diferentes a las de la burguesía y se reflejaban en el espacio urbano y en una específica cultura obrera o popular.
El capitalismo industrial y su sistema de fábricas crearon una nueva clase de trabajadores, unidos por la común condición de disponer de una sola fuente de ingresos: el salario que recibían a cambio de su trabajo. El factor más determinante de la clase obrera y trabajadora era, al contrario que en el mundo de la burguesía, la inseguridad. No sabían cuánto dinero iban a llevar a casa cada semana, ni cuánto iba a durar el trabajo o cuándo podrían conseguir otro si lo perdían. Una enfermedad, un accidente, una vejez prematura conducían inexorablemente a la mendicidad.
Los obreros de las fábricas y de las minas tenían en común con el amplio número de trabajadores urbanos (servicio doméstico, construcciÓn, talleres, etc.) su dependencia del salario. Compartían condiciones y formas de vida similares, se hallaban a un paso de la pobreza y los separaba del mundo burgués un abismo amplio e insalvable.
La clase obrera parecía amenazar el orden establecido. Alcanzó su pleno desarrollo en Inglaterra durante la primera mitad del siglo XIX, y entre 1850 y 1880 era ya casi la cuarta parte de la población en los países europeos desarrollados.
En las zonas industriales interesaba que las viviendas estuvieran cerca de las fábricas. Así surgieron los más característicos e improvisados barrios obreros, con edificios de dos o tres plantas al principio, que aumentaron progresivamente en altura y volumen, a la vez que se extendían por los suburbios de las principales ciudades En la primera mitad de siglo, Gran Bretaña era conocida por tener los suburbios más extensos y miserables de Europa.
Los barrios obreros crecían de manera desordenada, sin que el poder municipal atendiese a los servicios mínimos: calles, alumbrado, conducción de aguas, vertidos, basura, etc. Las calles, patios y corredores estaban muy degradados por el amontonamiento de desperdicios y basuras. Al no haber desagÜes, se producía el estancamiento de aguas sucias, y la escasa ventilación producía malos olores, con el constante peligro de infecciones. El interior de la vivienda se reducía a una o dos habitaciones, siendo frecuentes las cocinas y letrinas comunitarias.
La insalubridad de la vivienda obrera fue fuente de inspiración para novelistas como Charles Dickens, Victor Hugo o Emile lola, así como motivo de preocupación para los gobiernos más progresistas. En la epidemia de cólera de 1832 se comprobó que muchas de estas enfermeda
des se debían a las pésimas condiciones de vida. Las mejoras se fueron introduciendo paulatinamente y se hicieron más visibles a partir de 1870: se debían a la preocupación de los reformadores sociales y, sobre todo, a la presión de los propios trabajadores, organizados en sindicatos y en partidos políticos obreros.
La alimentación y el nivel de vida
Las primeras etapas de la industrialización trajeron consigo una pésima calidad de vida para los nuevos trabajadores. A fines de siglo, su situación era más favorable, en parte debido al descenso de los precios agrícolas y en parte, a las conquistas sociales.
A nadie se le escapaba que la negación de los derechos políticos a los trabajadores, o la prohibición de que se asociaran, hacía que se mantuviera un abismo entre la clase de los propietarios y el proletariado. Quienes se beneficiaban de esta situación argumentaban que formaba parte del orden natural de las cosas.
La dieta alimenticia de todas las clases sociales mejoró notablemente entre 1800 y 1900. A mediados de siglo, el alimento principal era la harina (2,5 kg semanales), ya fuese en forma de pan o de gachas, y la patata, extraordinariamente difundida a partir de 1850. Todo ello representaba el 70% de las calorías ingeridas. El consumo de carne, frutas, verduras o pescado era escaso. Para las familias obreras resultaban productos demasiado caros. La alimentación del hombre era mejor que la de la mujer, ya que ésta solía economizar comiendo menos.
El gasto en vestidos era muy reducido. Solamente se compraba un vestido para varios años. La indumentaria del trabajador se diferenciaba de la de, los burgueses: la blusa y la gorra eran los elementos distintivos para el 1 hombre, y un vestido largo, para la mujer. El centro de ocio para los hombres era la taberna, único lugar que permitía relacionarse fuera del trabajo. Los trabajadores se lavaban más que los burgueses, sobre todo, por necesidad, ya que en muchos oficios se ensuciaban diariamente sus cuerpos y sus ropas. En Gran Bretaña, la producción de jabón se multiplicó por diez entre 1830 y 1875.
Tampoco podían ocultar el cuerpo cuando compartían pozos de agua y lavaderos comunes. Ello explica que, para la mentalidad burguesa, las I formas de vida de los trabajadores estuvieran caracterizadas por una pro1 miscuidad poco ejemplar. También las relaciones afectivas y sexuales, eran más libres y desinhibidas entre los trabajadores, al estar menos mediatizadas por los intereses de la familia burguesa. De hecho, en 1 el París de 1850, uno de cada tres hijos nacía fuera del matrimonio.
El trabajo y el salario
El nÚmero de horas de trabajo era variable según el tipo de actividad; se trabajaba más en las industrias que precisaban de una mano de obra " nllcva. En las fábricas algodoneras del Lancashire (Inglaterra) o en Mul" hollse (Alsacia), la duración de la jornada laboral era de unas 15 horas, 1 con 13 horas de trabajo efectivo.
La duración de la jornada laboral fue disminuyendo a lo largo del siglo. Hacia 1870, los obreros pasaban más de 12 horas en la fábrica, con una interrupción de una hora y media para las comidas; en el sector textil. La jornada era de diez horas y media, con la tarde del sábado libre lIacia 1880, la jornada se fue rebajando hasta las diez horas, a veces incluso nueve A fines de siglo, la principal reivindicación de las organizaciones de trabajadores era la jornada de ocho horas de trabajo.
Mujeres y niños constituían buena parte de la mano de obra en las primeras etapas de la industrialización En 1839, la mitad aproximada de , los trabajadores fabriles eran mujeres. y los datos del censo de 1851, muestran que en Inglaterra todavía trabajaba regularmente un 28% de la población comprendida entre 10 Y 15 años.
Los salarios eran muy bajos y estaban muy ajustados para satisfacer las necesidades mínimas de los trabajadores: vivienda Y comida. El trabajo infantil estaba mucho peor pagado, lo mismo que el de las mujeres, que percibían aproximadamente la mitad del salario de los hombres.
A partir de 1850, los salarios tendieron a aumentar, especialmente para 1 los obreros especializados; pero el nivel de vida de los trabajadores se" guía siendo muy bajo. La alimentación absorbía más de la mitad del suel" do, quedando muy poco para el alquiler, la ropa u otras necesidades. Las tasas de mortalidad seguían siendo más altas en los barrios obreros, y la pobreza dominaba aún la vida de la mayoría de las familias proletarias.
Vida y cultura de la burguesía

La burguesía organiza el crecimiento de las ciudades y su planificación, reservándose un espacio social urbano en el que se representan las manifestaciones más específicas de su identidad cultural.
En la ciudad desaparecen los vínculos y usos tradicionales y nacen nuevas pautas de comportamiento y modos de vida, La burguesía, ascendente en el poder y en la economía, dirigía las transformaciones urbanas, el cambio de costumbres y la aparición de nuevos valores moraI les y sociales, Un nuevo estilo de vida, a imagen y semejanza de la nueva sociedad burguesa, se iba imponiendo como ideal para unos o como referencia inalcanzable para otros.
La gran burguesía controlaba el poder económico y político, y estaba compuesta por industriales y banqueros, grandes comerciantes y empresarios, altos funcionarios, profesionales cualificados, militares de alta graduación, etc. Gracias al control del poder municipal, dirigían la planificación urbanística, el trazado de calles amplias y rectas en el centro de la ciudad antigua, la expansión urbana fuera de las murallas, el diseño de nuevos barrios, etc Se construyeron nuevos y espléndidos edificios, reservándose las clases acomodadas el piso "principal" para su uso.
Las clases medias urbanas procuraban imitar las formas de vida y los valores burgueses desde su condición de propietarios de talleres o tiendas o de empleados en las escalas intermediarios de la administración, el ejército o las profesiones liberales.
Los nuevos barrios burgueses eran el escenario de una vida social propia. Para desarrollarla, se construían edificios tan característicos como la Bolsa, el teatro, la ópera, el casino, el nuevo Ayuntamiento y los amplios cafés. Las clases dominantes contaban con lugares públicos propios; si tenían que compartidos, creaban ámbitos protectores o exiclusivos: palcos de teatro, camarotes lujosos en trenes y barcos, cabinas de baño en las playas, etc.
El ámbito de lo privado: la casa
La casa era el dominio privado por excelencia, el fundamento de la familia y el pilar del orden social. Tanto el exterior como el interior eran 11 simbolos del nivel social y de los logros adquiridos, El valor supremo de la sociedad burguesa era la propiedad, la casa tenía, entre otras funciones la de representar la riqueza de sus dueños. El interior de la vivienda contaba con un gran salón para recibir a las numerosas visitas, La familia se ofrecía allí como espectáculo a sus huéspedes: exponía la vajilla de plata, utilizada sólo en las grandes ocasiones; un mobiliario tapizado, adornado con borlas o manteles; paredes forradas con telas, cuadros, dobles cortinas en los ventanales, papeles pintados, jarrones, alfombras, etc.
La impresión más inmediata de un interior burgués era la de apiñamiento y acumulación ordenada de una masa de objetos, que eran expresión tanto del gusto como del precio, así como de la abundancia y baratura de la mano de obra necesaria para fabricados. Un comedor de uso diario, el despacho del cabeza de familia, las habitaciones de los hijos y el espacio privado por excelencia, la alcoba, completaban la distribución del inmueble, junto a la cocina estaban las habitaciones del servicio.
Las clases más acomodadas de Londres, de París o de Viena ofrecían el modelo más acabado de casa burguesa, La cocina y el baño, curiosamente, fueron confinados a los extremos de la vivienda, Y no experimentaron transformaciones de entidad hasta épocas más recientes, El baño no era de uso frecuente. El agua corriente llegó por primera vez a París en 1865; retretes e inodoros no comenzaron a usarse hasta fines de siglo.La música entró en los hogares burgueses a través del instrumento más grande, aparatoso y caro: el piano, y ningún interior burgués estaba completo sin él.
La institución familiar
La familia era la institución que garantizaba la unidad y la permanencia de la propiedad; toda una serie de valores morales se derivaban de esta realidad. Todo lo que atentaba contra la unidad familiar resultaba peligroso y, por tanto, inmoral; las pasiones libres de sus miembros, cónyuges o hijos, eran inmorales porque no eran apropiadas para la institución familiar, ya que la ponían en peligro.
La igualdad de derechos conquistada por la burguesía estaba lejos de ser una realidad social para todos los miembros de la familia, que era, claramente, patriarcal. Según el código napoleónico, la familia era una unidad económica en la que "el marido es el único administrador de los bienes de la comunidad"; sólo el padre y propietario gozaba de derechos políticos.
La elección de marido o esposa era un asunto de enorme importancia para las familias burguesas. De ello dependía incrementar la propiedad o emparentar con los más destacados. La libertad personal y los deseos de los individuos no eran tenidos en cuenta para decidir con quién iban a casarse. La doble moral burguesa consistía en aceptar dos normas de comportamiento diferentes: castidad para las hijas y fidelidad para las esposas, infidelidad tolerada para los casados y permisividad sexual para los hijos varones.
La mujer era la dueña y la organizadora de la vida cotidiana del hogar;las múltiples tareas que de ello se derivaban podían compensar, parcialmente, su inferioridad económica y jurídica. Ejercía su autoridad sobre los niños y sobre un servicio doméstico numeroso (ayas, cocineras, doncellas, etc.). Una "señora" se definía como alguien que no trabajaba y que, por tanto, ordenaba a otras personas que lo hiciesen.
En la ciudad desaparecen los vínculos y usos tradicionales y nacen nuevas pautas de comportamiento y modos de vida, La burguesía, ascendente en el poder y en la economía, dirigía las transformaciones urbanas, el cambio de costumbres y la aparición de nuevos valores moraI les y sociales, Un nuevo estilo de vida, a imagen y semejanza de la nueva sociedad burguesa, se iba imponiendo como ideal para unos o como referencia inalcanzable para otros.
La gran burguesía controlaba el poder económico y político, y estaba compuesta por industriales y banqueros, grandes comerciantes y empresarios, altos funcionarios, profesionales cualificados, militares de alta graduación, etc. Gracias al control del poder municipal, dirigían la planificación urbanística, el trazado de calles amplias y rectas en el centro de la ciudad antigua, la expansión urbana fuera de las murallas, el diseño de nuevos barrios, etc Se construyeron nuevos y espléndidos edificios, reservándose las clases acomodadas el piso "principal" para su uso.
Las clases medias urbanas procuraban imitar las formas de vida y los valores burgueses desde su condición de propietarios de talleres o tiendas o de empleados en las escalas intermediarios de la administración, el ejército o las profesiones liberales.
Los nuevos barrios burgueses eran el escenario de una vida social propia. Para desarrollarla, se construían edificios tan característicos como la Bolsa, el teatro, la ópera, el casino, el nuevo Ayuntamiento y los amplios cafés. Las clases dominantes contaban con lugares públicos propios; si tenían que compartidos, creaban ámbitos protectores o exiclusivos: palcos de teatro, camarotes lujosos en trenes y barcos, cabinas de baño en las playas, etc.
El ámbito de lo privado: la casa
La casa era el dominio privado por excelencia, el fundamento de la familia y el pilar del orden social. Tanto el exterior como el interior eran 11 simbolos del nivel social y de los logros adquiridos, El valor supremo de la sociedad burguesa era la propiedad, la casa tenía, entre otras funciones la de representar la riqueza de sus dueños. El interior de la vivienda contaba con un gran salón para recibir a las numerosas visitas, La familia se ofrecía allí como espectáculo a sus huéspedes: exponía la vajilla de plata, utilizada sólo en las grandes ocasiones; un mobiliario tapizado, adornado con borlas o manteles; paredes forradas con telas, cuadros, dobles cortinas en los ventanales, papeles pintados, jarrones, alfombras, etc.
La impresión más inmediata de un interior burgués era la de apiñamiento y acumulación ordenada de una masa de objetos, que eran expresión tanto del gusto como del precio, así como de la abundancia y baratura de la mano de obra necesaria para fabricados. Un comedor de uso diario, el despacho del cabeza de familia, las habitaciones de los hijos y el espacio privado por excelencia, la alcoba, completaban la distribución del inmueble, junto a la cocina estaban las habitaciones del servicio.
Las clases más acomodadas de Londres, de París o de Viena ofrecían el modelo más acabado de casa burguesa, La cocina y el baño, curiosamente, fueron confinados a los extremos de la vivienda, Y no experimentaron transformaciones de entidad hasta épocas más recientes, El baño no era de uso frecuente. El agua corriente llegó por primera vez a París en 1865; retretes e inodoros no comenzaron a usarse hasta fines de siglo.La música entró en los hogares burgueses a través del instrumento más grande, aparatoso y caro: el piano, y ningún interior burgués estaba completo sin él.
La institución familiar
La familia era la institución que garantizaba la unidad y la permanencia de la propiedad; toda una serie de valores morales se derivaban de esta realidad. Todo lo que atentaba contra la unidad familiar resultaba peligroso y, por tanto, inmoral; las pasiones libres de sus miembros, cónyuges o hijos, eran inmorales porque no eran apropiadas para la institución familiar, ya que la ponían en peligro.
La igualdad de derechos conquistada por la burguesía estaba lejos de ser una realidad social para todos los miembros de la familia, que era, claramente, patriarcal. Según el código napoleónico, la familia era una unidad económica en la que "el marido es el único administrador de los bienes de la comunidad"; sólo el padre y propietario gozaba de derechos políticos.
La elección de marido o esposa era un asunto de enorme importancia para las familias burguesas. De ello dependía incrementar la propiedad o emparentar con los más destacados. La libertad personal y los deseos de los individuos no eran tenidos en cuenta para decidir con quién iban a casarse. La doble moral burguesa consistía en aceptar dos normas de comportamiento diferentes: castidad para las hijas y fidelidad para las esposas, infidelidad tolerada para los casados y permisividad sexual para los hijos varones.
La mujer era la dueña y la organizadora de la vida cotidiana del hogar;las múltiples tareas que de ello se derivaban podían compensar, parcialmente, su inferioridad económica y jurídica. Ejercía su autoridad sobre los niños y sobre un servicio doméstico numeroso (ayas, cocineras, doncellas, etc.). Una "señora" se definía como alguien que no trabajaba y que, por tanto, ordenaba a otras personas que lo hiciesen.
El siglo del Ferrocarril

El periodo comprendido entre 1850 y 1900 ha sido calificado como la era del ferrocarril. La aplicación de la fuerza del va por al transporte soI bre raíles de acero constituye uno de los mejores símbolos del siglo XIX , En 1814, el inglés Stephenson logró que una locomotora que arrastraba , 30 toneladas de peso circulara a una velocidad de 7 km/hora. El invento comenzó a aplicarse al transporte de hulla en las zonas mineras. El misI mo Stephenson ganó en 1829 el concurso para construir la línea férrea entre Liverpool y Manchester.
La primera red de ferrocarriles fue la británica. En 1850 estaban en funcionamiento las principales líneas que enlazaban Londres con los centros industriales y con las principales ciudades; Bélgica, Francia, España y Alemania trazaron sus líneas ferroviarias a partir de mediados de siglo, al igual que los Estados Unidos.
El tendido del ferrocarril puso en marcha una movilización de recursos económicos y humanos de dimensiones absolutamente desconocidas hasta entonces. Entre 1850 y 1880, la construcción de ferrocarriles se constituyó como un auténtico sector económico. El capitalismo del siglo XIX se apoyaba sobre la trilogía de fábricas, bancos y ferrocarriles.
Los 3.000 km de vía que estaban en funcionamiento en la Francia de 1850 se habían convertido en 49.500 en 1890. En las mismas fechas, Alemania pasó de una red de 6.000 km a tener en funcionamiento 43.000 km. El ferrocarril era un instrumento de unificación de los mercados y de las naciones. En 1891 se emprendió el trazado del ferrocarril más largo del mundo, el Transiberiano, que unió Moscú con Siberia y con el mar delJapón (Vladivostok) en 1902.
Cambiaban las dimensiones del mundo; las personas y las cosas comenzaban a aproximarse progresivamente. La aplicación del vapor a la navegación acabó con los veleros y permitió construir buques de mayor tonelaje, aumentar e! volumen de! comercio internacional y abaratar los precios del transporte. La comunicación marítima avanzaba con los buques de vapor tanto como la comunicación terrestre lo estaba haciendo mediante el ferrocarril. Dos empresas tan colosales como la apertura del canal de Suez (1869) o la del canal de Panamá (1914) responden a la necesidad de facilitar y acortar el tráfico interoceánico.
El telégrafo eléctrico es el primer paso para la transmisión rápida de la I información. En 1858 eran 160.000 los kilómetros de hilo colocado; en 1900 superaban los seis millones de kilómetros de cable, después de saltar el canal de la Mancha (1853) y el océano Atlántico (1878). El teléfono suena por primera vez en 1876 en Estados Unidos.
La primera red de ferrocarriles fue la británica. En 1850 estaban en funcionamiento las principales líneas que enlazaban Londres con los centros industriales y con las principales ciudades; Bélgica, Francia, España y Alemania trazaron sus líneas ferroviarias a partir de mediados de siglo, al igual que los Estados Unidos.
El tendido del ferrocarril puso en marcha una movilización de recursos económicos y humanos de dimensiones absolutamente desconocidas hasta entonces. Entre 1850 y 1880, la construcción de ferrocarriles se constituyó como un auténtico sector económico. El capitalismo del siglo XIX se apoyaba sobre la trilogía de fábricas, bancos y ferrocarriles.
Los 3.000 km de vía que estaban en funcionamiento en la Francia de 1850 se habían convertido en 49.500 en 1890. En las mismas fechas, Alemania pasó de una red de 6.000 km a tener en funcionamiento 43.000 km. El ferrocarril era un instrumento de unificación de los mercados y de las naciones. En 1891 se emprendió el trazado del ferrocarril más largo del mundo, el Transiberiano, que unió Moscú con Siberia y con el mar delJapón (Vladivostok) en 1902.
Cambiaban las dimensiones del mundo; las personas y las cosas comenzaban a aproximarse progresivamente. La aplicación del vapor a la navegación acabó con los veleros y permitió construir buques de mayor tonelaje, aumentar e! volumen de! comercio internacional y abaratar los precios del transporte. La comunicación marítima avanzaba con los buques de vapor tanto como la comunicación terrestre lo estaba haciendo mediante el ferrocarril. Dos empresas tan colosales como la apertura del canal de Suez (1869) o la del canal de Panamá (1914) responden a la necesidad de facilitar y acortar el tráfico interoceánico.
El telégrafo eléctrico es el primer paso para la transmisión rápida de la I información. En 1858 eran 160.000 los kilómetros de hilo colocado; en 1900 superaban los seis millones de kilómetros de cable, después de saltar el canal de la Mancha (1853) y el océano Atlántico (1878). El teléfono suena por primera vez en 1876 en Estados Unidos.
Cultura y arte del siglo XIX

La educación y la prensa
A lo largo del siglo se desarrollaron nuevos sistemas educativos que regulaban desde la enseñanza primaria hasta la universitaria, El objetivo ya no era instruir a unas minorías, como ocurría en el Antiguo Régimen, sino educar en distintos niveles a sectores más amplios de la población, La sociedad burguesa necesitaba obreros especialistas que supiesen leer, técnicos, administrativos, etc., en número creciente.
Se implantaron progresivamente unos modelos estatales de enseñanza pública. Los nuevoS estados nacionales tenían la necesidad de reforzar la cohesión social y la homogeneización de los nuevos ciudadanos; la educación era el mejor instrumento para ello. Gran Bretaña, Holanda, Prusia y Francia fueron los países que más tempranamente extendieron una enseñanza primaria pública y gratuita, que nunca llegó a estar generalizada. A fines del siglo XIX, entre el 85% y el 90% de la población estaba alfabetizada en el norte de Europa occidental, proporción que en España o Italia era sólo de un 70%, y en Rusia no llegaba al 30%.
En 1808 se creó en Francia el grado de Baccalauréat (Bachillerato), que se obtenía al aprobar un examen al final de la enseñanza secundaria. El bachillerato fue implantado por todos los estados, Cada gobierno determinaba unoS planes de estudio uniformes para todos los centros.
Las universidades adaptaron sus viejas estructuras a las nuevas necesidades de la sociedad Se fueron liberando de la tradicional influencia que la Iglesia siempre había tenido sobre la enseñanza superior. La tendencia general de los estudios era adaptarse a las necesidades del desarrollo económico moderno y, sobre todo, dotar de funcionarios preparados a los pujantes estados liberales.
La expansión de la prensa fue otro hecho cultural clave; en este caso, la iniciativa era privada, y no estatal, aunque los gobiernos procuraban controlar e intervenir en la línea editorial de los periódicos. La prensa se dirigía a una opinión pÚblica cada vez más amplia. La alfabetización y el abaratamiento del precio del periódico hicieron aumentar el número de lectores. Cualquier ciudad de tamaño medio tenía más de un periódico diario, aunque de poca tirada. Otros, como el londinense Tbe Times, editaban más de 60.000 ejemplares a mediados de siglo.
Buena parte de las cabeceras clásicas de la prensa europea surgieron en este periodo: el francés Le Figaro (1851), el alemán Fran!:?furter Zeitung (185G). el italiano 11 Corriere della Sera (1876), el ruso Novosti (1870), el espai\ol La Vanguardia 0881). El NeU' York Times nacía en 1851. Los reriÓdicos de Pulitzer, una de las personalidades más destacadas del periodismo en Estados Unidos, tiraban 80,000 ejemplares diarios en Nueva York hacia 1880. A fines de siglo, los diarios comenzaron a dirigirse a las masas, y no solamente a una opinión pÚblica reducida. Los sindicatos y partidos obreros editaron también sus propios periódicos.
A lo largo del siglo se desarrollaron nuevos sistemas educativos que regulaban desde la enseñanza primaria hasta la universitaria, El objetivo ya no era instruir a unas minorías, como ocurría en el Antiguo Régimen, sino educar en distintos niveles a sectores más amplios de la población, La sociedad burguesa necesitaba obreros especialistas que supiesen leer, técnicos, administrativos, etc., en número creciente.
Se implantaron progresivamente unos modelos estatales de enseñanza pública. Los nuevoS estados nacionales tenían la necesidad de reforzar la cohesión social y la homogeneización de los nuevos ciudadanos; la educación era el mejor instrumento para ello. Gran Bretaña, Holanda, Prusia y Francia fueron los países que más tempranamente extendieron una enseñanza primaria pública y gratuita, que nunca llegó a estar generalizada. A fines del siglo XIX, entre el 85% y el 90% de la población estaba alfabetizada en el norte de Europa occidental, proporción que en España o Italia era sólo de un 70%, y en Rusia no llegaba al 30%.
En 1808 se creó en Francia el grado de Baccalauréat (Bachillerato), que se obtenía al aprobar un examen al final de la enseñanza secundaria. El bachillerato fue implantado por todos los estados, Cada gobierno determinaba unoS planes de estudio uniformes para todos los centros.
Las universidades adaptaron sus viejas estructuras a las nuevas necesidades de la sociedad Se fueron liberando de la tradicional influencia que la Iglesia siempre había tenido sobre la enseñanza superior. La tendencia general de los estudios era adaptarse a las necesidades del desarrollo económico moderno y, sobre todo, dotar de funcionarios preparados a los pujantes estados liberales.
La expansión de la prensa fue otro hecho cultural clave; en este caso, la iniciativa era privada, y no estatal, aunque los gobiernos procuraban controlar e intervenir en la línea editorial de los periódicos. La prensa se dirigía a una opinión pÚblica cada vez más amplia. La alfabetización y el abaratamiento del precio del periódico hicieron aumentar el número de lectores. Cualquier ciudad de tamaño medio tenía más de un periódico diario, aunque de poca tirada. Otros, como el londinense Tbe Times, editaban más de 60.000 ejemplares a mediados de siglo.
Buena parte de las cabeceras clásicas de la prensa europea surgieron en este periodo: el francés Le Figaro (1851), el alemán Fran!:?furter Zeitung (185G). el italiano 11 Corriere della Sera (1876), el ruso Novosti (1870), el espai\ol La Vanguardia 0881). El NeU' York Times nacía en 1851. Los reriÓdicos de Pulitzer, una de las personalidades más destacadas del periodismo en Estados Unidos, tiraban 80,000 ejemplares diarios en Nueva York hacia 1880. A fines de siglo, los diarios comenzaron a dirigirse a las masas, y no solamente a una opinión pÚblica reducida. Los sindicatos y partidos obreros editaron también sus propios periódicos.
Literatura, música, arte: el nuevo gusto
Durante las primeras décadas del siglo se extendió una nueva sensibilidad cultural, a la que se denominó romanticismo. Era la expresión del individualismo y del énfasis en la libertad que caracterizaban la nueva burguesía, y también, en algunos casos, del rechazo de unos valores morales utilitarios y formalistas. Tanto en literatura (Lord Byron, Larra, Chateaubriand, Blake) como en mÚsica (Schubert, Chopin, Liszt), fue un fenómeno de dimensiones europeas, como lo serán posteriormente el realismo o el naturalismo.
Lo más significativo fue que aumentaba constantemente el número de consumidores de cualquier tipo de creación artística, lo cual transformaba profundamente el papel del artista en la sociedad. La burguesía "consumía" más construcciones arquitectónicas, más pintura y más escultura. Los campos en los que el pÚblico desempeñó un papel más determinante fueron los de la literatura y la mÚsica.
El lenguaje artístico de la música era especialmente idóneo para reflejar la veta intimista y sensible del alma romántica. La música ejerció gran atracción en la sociedad burguesa La ampliación de la demanda y del gusto musical permitió a compositores e intérpretes librarse de la dependencia y los encargos de la Corte, la Iglesia o la nobleza, y empezar a expresar libremente sus sentimientos, así como a vivir de su trabajo, y no del mecenazgo. El gran espectáculo para las elite s del siglo fue la ópera, que unía literatura, música y teatro, y que se convirtió en una especie de templo burgués La ópera clásica reflejaba los ideales que animaban la sociedad, desde el amor romántico hasta el nacionalismo; alcanzó su apogeo con las composiciones del italiano Verdi, quien participó activamente en la lucha por la unificación italiana, y del alemán Richard Wagner, que representaba los grandes mitos y leyendas del pueblo alemán.
Los lectores aumentaron, y las estanterías burguesas se llenaron con las obras, cuidadosamente editadas, de los clásicos nacionales e internacionales. El género literario preferido por la cultura del siglo XIX fue la novela. El tema principal de los novelistas fue la descripción real del surgimiento y de la crisis de la sociedad burguesa. Las novelas de Dickens (18121870) eran a la vez una descripción y una crítica social de los efectos de la industrialización en Inglaterra. Balzac, Flaubert y Zola retrataron la sociedad francesa, así como Benito Pérez Galdós la española, o Tolstoi y Dostoievski la rusa.
El pÚblico consumidor se fue ampliando paulatinamente y accedió en mayor nÚmero al consumo artístico a través de la prensa, de la litografía y el grabado, de la fotografía y del gramófono. Las clases medias y las clases populares acudían a la opereta, la zarzuela, el cabaré o el café cantante, mientras que la ópera limitaba su acceso a las elites; leían folletines y novelas por entregas si las grandes obras de la literatura les resultaban lejanas; se apropiaban de deportes como el fÚtbol o el ciclismo, popularizándolos. Deseaban acceder a las conquistas económicas y culturales de la burguesia, e incluso a muchos de sus valores. A fines de siglo, la sociedad liberal abría las puertas a la sociedad de masas.
Durante las primeras décadas del siglo se extendió una nueva sensibilidad cultural, a la que se denominó romanticismo. Era la expresión del individualismo y del énfasis en la libertad que caracterizaban la nueva burguesía, y también, en algunos casos, del rechazo de unos valores morales utilitarios y formalistas. Tanto en literatura (Lord Byron, Larra, Chateaubriand, Blake) como en mÚsica (Schubert, Chopin, Liszt), fue un fenómeno de dimensiones europeas, como lo serán posteriormente el realismo o el naturalismo.
Lo más significativo fue que aumentaba constantemente el número de consumidores de cualquier tipo de creación artística, lo cual transformaba profundamente el papel del artista en la sociedad. La burguesía "consumía" más construcciones arquitectónicas, más pintura y más escultura. Los campos en los que el pÚblico desempeñó un papel más determinante fueron los de la literatura y la mÚsica.
El lenguaje artístico de la música era especialmente idóneo para reflejar la veta intimista y sensible del alma romántica. La música ejerció gran atracción en la sociedad burguesa La ampliación de la demanda y del gusto musical permitió a compositores e intérpretes librarse de la dependencia y los encargos de la Corte, la Iglesia o la nobleza, y empezar a expresar libremente sus sentimientos, así como a vivir de su trabajo, y no del mecenazgo. El gran espectáculo para las elite s del siglo fue la ópera, que unía literatura, música y teatro, y que se convirtió en una especie de templo burgués La ópera clásica reflejaba los ideales que animaban la sociedad, desde el amor romántico hasta el nacionalismo; alcanzó su apogeo con las composiciones del italiano Verdi, quien participó activamente en la lucha por la unificación italiana, y del alemán Richard Wagner, que representaba los grandes mitos y leyendas del pueblo alemán.
Los lectores aumentaron, y las estanterías burguesas se llenaron con las obras, cuidadosamente editadas, de los clásicos nacionales e internacionales. El género literario preferido por la cultura del siglo XIX fue la novela. El tema principal de los novelistas fue la descripción real del surgimiento y de la crisis de la sociedad burguesa. Las novelas de Dickens (18121870) eran a la vez una descripción y una crítica social de los efectos de la industrialización en Inglaterra. Balzac, Flaubert y Zola retrataron la sociedad francesa, así como Benito Pérez Galdós la española, o Tolstoi y Dostoievski la rusa.
El pÚblico consumidor se fue ampliando paulatinamente y accedió en mayor nÚmero al consumo artístico a través de la prensa, de la litografía y el grabado, de la fotografía y del gramófono. Las clases medias y las clases populares acudían a la opereta, la zarzuela, el cabaré o el café cantante, mientras que la ópera limitaba su acceso a las elites; leían folletines y novelas por entregas si las grandes obras de la literatura les resultaban lejanas; se apropiaban de deportes como el fÚtbol o el ciclismo, popularizándolos. Deseaban acceder a las conquistas económicas y culturales de la burguesia, e incluso a muchos de sus valores. A fines de siglo, la sociedad liberal abría las puertas a la sociedad de masas.
Ciencia y Tecnología siglo XIX

CIENCIA Y CULTURA EN EL SIGLO DEl PROGRESO
El progreso constituyó la principal ideología del siglo, Los avances científicos y Técnicos posibiliTaban el constanTe crecimienTo económico e indusTrial, y hacían necesaria la expansión de los sisTemas educativos y de la culTura en general.
La sociedad burguesa se mostró orgullosa de sus logros y realizaciones. Los avances científicos eran continuos , su aplicación a la industria, a las comunicaciones , a la medicina, etc. Resolvía los problemas de un mundo en transformación y porporcionaban soluciones que cambiaban la vida de la mayoría d elas personas. Nadie dudadba del progreso científico e intelectual. La fe de la ciencia y el progreso fue una auténtica ideología durante el siglo XIX.
Un periódico de 1900, el Daily Mail, hacía un balance arrogante: “Hemos ceñido el oceano con nuestro puesrtos y rodeado el mundo con nuestros cables. Hemos cruzado el mar con nuestras naves. Hemos encauzado las fuerzas de la naturaleza”.
El fin de siglo repasaba satisfecho con sus éxitos en diversas formas de viajar, incluyendo el triciclo y la bicicleta; en las máquinas ahorradoras de esfuerzo, algunas de las cuales, como la máquina de coser o la de escribir, entraban en el hogar; en los medios de comunicación (teléfono, gramófono, telégrafo); en la fotografía; en la ilumninación, desde los cerillos hasta la bombilla. El orgullo por el progreso alcanzado se celebraba con monumetos conmemorativos: el más espectacular es la Torre Eiffel en París.
La ciencia y la técnica
Ciencia y técnica llegaron a ocupar un lugar de primera importancia en las sociedades occidentales, El progreso industrial fue posible por los avances del conocimiento científico, La dífusión creciente del método analítico a todos los campos del saber se debió a los espectaculares avances producidos en el campo de las matemáticas.
En física, el descubrimiento de las leyes de la termodinámica (Maxwell) y del electromagnetismo (Faraday, Hertz, Rontgen) estuvo en la base de buena parte de las innovaciones técnicas que aportó el siglo, y desembocaría en la teoría de la relatividad, formulada por Albert Einstein en 1905, Una de las ciencias más florecientes fue la química, sobre todo por sus innumerables aplicaciones de utilización industrial.
Toda una serie de nuevas disciplinas científicas configuraron entonces sus métodos especiales y sus instituciones académicas, Grandes expediciones de naturalistas, geólogos, botánicos y geógrafos conquistaron para la ciencia nuevos espacios continentales, marítimos y submarinos.
Uno de los científicos más representativos del siglo fue Charles Darwin (1809-1882), quien formuló las leyes de la evolución del mundo natural en su obra El origen de las especies (1859). Estas teorías constituyeron el núcleo de la confrontación entre los partidarios de la ciencia y el progreso y los defensores de las certezas inmutables proporcionadas por la tradición. Otro gran científico del XIX fue Louis Pasteur, famoso por la trascendencia de sus descubrimientos bacteriológicos: su I gloria llegó al máximo cuando, en 1885, curó a un niño mordido por un perro rabioso.
Simultáneamente, Karl Marx (1818-1883) pretendía explicar la evolu
ción de la historia y de las sociedades, Es el creador del llamado socialismo científico, que pronosticaba el hundimiento del capitalismo, Una I de sus obras, El capital, ha sido uno de los libros que mayor influencia I han ejercido durante más de un siglo, La economía, la sociología, la psicología, la antropología, etc" se constituyeron como ciencias sociales desde mediados de siglo.
El progreso constituyó la principal ideología del siglo, Los avances científicos y Técnicos posibiliTaban el constanTe crecimienTo económico e indusTrial, y hacían necesaria la expansión de los sisTemas educativos y de la culTura en general.
La sociedad burguesa se mostró orgullosa de sus logros y realizaciones. Los avances científicos eran continuos , su aplicación a la industria, a las comunicaciones , a la medicina, etc. Resolvía los problemas de un mundo en transformación y porporcionaban soluciones que cambiaban la vida de la mayoría d elas personas. Nadie dudadba del progreso científico e intelectual. La fe de la ciencia y el progreso fue una auténtica ideología durante el siglo XIX.
Un periódico de 1900, el Daily Mail, hacía un balance arrogante: “Hemos ceñido el oceano con nuestro puesrtos y rodeado el mundo con nuestros cables. Hemos cruzado el mar con nuestras naves. Hemos encauzado las fuerzas de la naturaleza”.
El fin de siglo repasaba satisfecho con sus éxitos en diversas formas de viajar, incluyendo el triciclo y la bicicleta; en las máquinas ahorradoras de esfuerzo, algunas de las cuales, como la máquina de coser o la de escribir, entraban en el hogar; en los medios de comunicación (teléfono, gramófono, telégrafo); en la fotografía; en la ilumninación, desde los cerillos hasta la bombilla. El orgullo por el progreso alcanzado se celebraba con monumetos conmemorativos: el más espectacular es la Torre Eiffel en París.
La ciencia y la técnica
Ciencia y técnica llegaron a ocupar un lugar de primera importancia en las sociedades occidentales, El progreso industrial fue posible por los avances del conocimiento científico, La dífusión creciente del método analítico a todos los campos del saber se debió a los espectaculares avances producidos en el campo de las matemáticas.
En física, el descubrimiento de las leyes de la termodinámica (Maxwell) y del electromagnetismo (Faraday, Hertz, Rontgen) estuvo en la base de buena parte de las innovaciones técnicas que aportó el siglo, y desembocaría en la teoría de la relatividad, formulada por Albert Einstein en 1905, Una de las ciencias más florecientes fue la química, sobre todo por sus innumerables aplicaciones de utilización industrial.
Toda una serie de nuevas disciplinas científicas configuraron entonces sus métodos especiales y sus instituciones académicas, Grandes expediciones de naturalistas, geólogos, botánicos y geógrafos conquistaron para la ciencia nuevos espacios continentales, marítimos y submarinos.
Uno de los científicos más representativos del siglo fue Charles Darwin (1809-1882), quien formuló las leyes de la evolución del mundo natural en su obra El origen de las especies (1859). Estas teorías constituyeron el núcleo de la confrontación entre los partidarios de la ciencia y el progreso y los defensores de las certezas inmutables proporcionadas por la tradición. Otro gran científico del XIX fue Louis Pasteur, famoso por la trascendencia de sus descubrimientos bacteriológicos: su I gloria llegó al máximo cuando, en 1885, curó a un niño mordido por un perro rabioso.
Simultáneamente, Karl Marx (1818-1883) pretendía explicar la evolu
ción de la historia y de las sociedades, Es el creador del llamado socialismo científico, que pronosticaba el hundimiento del capitalismo, Una I de sus obras, El capital, ha sido uno de los libros que mayor influencia I han ejercido durante más de un siglo, La economía, la sociología, la psicología, la antropología, etc" se constituyeron como ciencias sociales desde mediados de siglo.
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